Buenas prácticas en el aula de lenguas extranjeras: reflexiones y recomendaciones para una clase ganadora

Las habilidades docentes y la gestión del aula de lenguas extranjeras son ejercicios propios de cada profesional de la educación.
ninos-felices-escuela-primaria

La praxis inmersa en cada sesión de aprendizaje lleva consigo un sin número de características de quien la dirige, en este caso, el profesional docente del área, pero también se ven envuelta en el entorno las herramientas, el material dispuesto para el aprendizaje, el interés, la motivación y la forma en la que se desarrollan las interacciones entre el profesor y los estudiantes.

Gestionar, organizar y visualizar el aula de lenguas extranjeras implica, entre muchas otras actividades, pensar y planificar alrededor de factores como el control del tiempo, la cantidad de horas que el profesor y los alumnos hablan, la posición física del profesor en el aula, la forma en la que el profesor ayuda a los alumnos en la corrección, el modo de dar instrucciones, la comprobación de lo que van aprendiendo los alumnos, la observación del grupo, la manera de escuchar de forma activa, la disciplina, la dinámica de grupos y las técnicas y habilidades para motivar el aprendizaje. A continuación, se profundizará en varios aspectos que, desde la experiencia profesional y la práctica pedagógica en la enseñanza de lenguas extranjeras, se encuentran de mayor relevancia a la hora de desarrollar con éxito una clase ganadora.

Tic, Tac: El tiempo como aliado para un mejor resultado

Entender el contexto de una clase de lenguas extranjeras será siempre uno de los puntos iniciales para desarrollar un sinnúmero de posibilidades que optimicen el aprendizaje de los alumnos. El factor tiempo es uno de estos, y por eso, se pretende exponer algunas buenas prácticas relacionadas con el tiempo de habla del profesor (THP) y el tiempo de habla de alumno (THA), bajo supuestos y experiencias que facilitarán el entendimiento de las propuestas.

La planificación de la clase implica un aspecto importante a resaltar: el tiempo. En el desarrollo de todas las actividades es imperante remarcar el tiempo que se emplea para ejecutarlas, para ello, la implementación de marcadores de tiempo (classroom timers) que se encuentran en internet, por ejemplo, el reloj de arena o la bomba de tiempo son prácticas que brindan una sensación de orden y de buena planificación por parte del profesor. Además, entendiendo el perfil del grupo en el que se trabaje, se motiva a una participación más activa, los alumnos se concentran de verdad en sus tareas, optimizando mucho el tiempo de la sesión de clases. Además, es importante nombrar varias de las técnicas mencionadas por el profesor Ramos Álvarez (2017) en – Competencias Clave del profesorado y estrategias de reflexión docente. – Quien expone la idea de aumentar paulatinamente el THA a través de la adaptación de modelos de la lengua al nivel de los estudiantes, así pues, expresiones como: Good morning, teacher! I didn’t get you! Could you please repeat? Excuse me! What is the meaning of? How do you say… in English? Deben ser implementadas desde las primeras sesiones de clase y practicadas constantemente por los aprendientes en el desarrollo de las tareas. Lo anterior, por ejemplo, contribuye a crear un pequeño entorno de inmersión durante el tiempo de la clase y que, de esa forma, los alumnos tengan la oportunidad de aclarar sus dudas, preguntar, participar entre otras tareas, pero siempre haciendo uso de la lengua meta, es decir, que el THA vaya incrementando poco a poco desde el inicio hasta el final.

¿Dónde me meto yo? la posición física del profesor en el aula

Ahora bien, la gestión del espacio es un punto importante para tener en cuenta en la creación de un óptimo ambiente de aprendizaje, pues está estrechamente relacionada con dos conceptos claves: la proxémica y la quinésica, términos establecidos por Fernando Poyatos (1994) y Edward T. Hall (1959) respectivamente. El primero, da cuenta de la posición de las personas durante las prácticas comunicativas, la segunda, está relacionada con el uso o no del lenguaje corporal, de la mímica, de los gestos y las expresiones faciales para transmitir información.

En el quehacer diario del profesor, aunque este desarrolle la habilidad de gestionar su espacio en el aula de clases, y aun así parezca que le fuera innato su actuar, es importante resaltar y tener en cuenta que su ubicación en cada momento es fundamental para la interacción con el aprendiente, por ejemplo, cuando está brindando una explicación en sesión plenaria es importante que ocupe una posición centrada, equidistante y visible desde cualquier punto del aula, de modo que pueda ser escuchado fácilmente por todos los alumnos. Cuando se encuentre aclarando dudas individuales, es importante que se aproxime al estudiante que ha planteado la pregunta, demostrando así una mayor cercanía e interés por atender sus necesidades particulares. Lo anterior, expuesto por Ramos Álvarez, es solo una muestra de todo lo que el profesor debe incluir en su actuar. Una de las buenas prácticas desarrolladas ha sido la disposición del tablero en el centro de la clase y la ubicación de las mesas y las sillas de los aprendientes alrededor, la forma en la ubicación de la clase es uno de los puntos que favorece la interacción entre alumno-profesor y alumno-alumno, pues en cada espacio se dispone de sillas que permitan la agrupación de forma ágil y eficaz, también, permite espacio para la rotación y el movimiento para efectos de supervisión de actividades o dado el caso, la reacomodación para tareas dónde se necesitaba de una disposición diferente, por ejemplo, un círculo con sillas o el caminar por el salón.

Punto positivo, punto negativo: la disciplina

Los diferentes cambios en las metodologías de enseñanza de lenguas extranjeras a través del tiempo han traído consigo, también, una mirada diferente hacia la organización y disposición del docente y del aprendiente frente a los procedimientos que se llevan a cabo durante la clase, es decir, se han originado propuestas que influyen mucho en el crecimiento y el mejoramiento de las distintas formas de enseñar, que a su vez, tienen mucho que ver con la disposición, orden y disciplina que se evidencia en el aula de clases por los alumnos.

Es importante resaltar que en el desarrollo de algunas actividades que impliquen el traslado del grupo de un lugar a otro, la interacción más activa dentro del salón de clases y el movimiento del mobiliario se deben guiar bajo instrucciones cortas y claras para evitar que la indisciplina interfiriera en el propósito único de la actividad, que es en sí, brindar otro matiz a la sesión de aprendizaje. Así pues, una buena práctica que ha sido de gran utilidad para “controlar” los diferentes momentos de la clase, es el manejo del tono y el volumen de la voz. Mantener al principio un tono en promedio alto, permite que los aprendientes estén atentos y dispuestos a escuchar las instrucciones, además que ayuda a distribuir el sonido a través de toda el aula, si esta es de gran amplitud. En otras ocasiones, por ejemplo, modular el volumen para que aquellos que estén un poco distraídos conversando con un compañero ayuda también a centrar y mantener la atención, sin duda alguna, caminar por el espacio del aula, acercarse a aquel estudiante que se está descentrando y sobre todo mantener todos los sentidos dispuestos son herramientas útiles a la hora de mantener un ambiente de trabajo óptimo. Lo anterior se conjuga a su vez, con los planteamientos expuestos por Ramos Álvarez en la revisión histórica de los modelos prototípicos del aula. Conceptos como el aula tradicional dónde el rigor era evidenciado por la distribución de sillas en hileras alineadas a la pizarra, o los preceptos de la enseñanza individual no se conjugan con el contexto real que vivimos hoy en día en nuestras aulas de clase.

La disciplina debe evidenciarse en un aula de clases, pero debe ser una disciplina que demuestre un balance entre la atención y la interacción, es decir, que en medio de las diferentes prácticas que se incluyen en el plan de clase y en el desarrollo de actividades, permitan tanto a los aprendientes como al docente, gestionar espacios y momentos dónde se intervenga, por ejemplo de forma más individual o colectiva, pero siempre propiciando por momentos que sean significativos a la hora de aprender.

Para pensarse y repensarse…

Convergen, además de las mencionadas anteriormente, otras muy importantes prácticas que día a día se vivencian en las diferentes aulas de clase de nuestro entorno educativo actual. Pretender mencionarlas todas nos llevaría a la creación de un debate académico bastante interesante que puede ser nutrido, también, por los resultados obtenidos desde los diferentes niveles académicos, contextos, vivencias y experiencias.

Aquí solo se busca, de cierta forma, visibilizar algunas ideas que han sido llevadas a la práctica en salones de clases que podríamos titular como “cotidianos” (aunque ninguno lo es) con el fin de pensarnos y porque no, repensarnos sobre todo lo que hacemos como docentes en nuestro ejercicio diario. La auto-evaluación, aunque es un tema del cual se puede y se debe establecer un discurso académico bien estructurado, es un ejercicio a la final simple, que nos invita en todo momento, literalmente en cada espacio que habitamos, a revisarnos constantemente en nuestro actuar profesional, no para llegar a una meta, sino para mantenernos en el camino de manera constante, eficaz y con excelentes resultados. 

Ramos Álvarez, A. (2017). «Módulo 1. Unidad I. Competencias Claves del Profesorado y Estrategias de Reflexión Docente.» En Instituto Cervantes (Ed.), Las competencias clave del profesorado de lenguas segundas y extranjeras. Madrid: Instituto Cervantes, 2012.

Hall, E. T. (1959). The Silent Language. Nueva York: Doubleday & Company. Poyatos, F. (1994). La Comunicación No Verbal I y II. Madrid: Istmo.